“Creí que era una invitación a un evento más, como siempre hacen”



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Cuando Renato vio que le había llegado a su bandeja de entrada un correo de parte del Vicerrectorado Académico, él simplemente no lo abrió. «Creí que era una invitación a un evento, como siempre hacen», cuenta. Hubiera quedado el mensaje sumergido en su indiferencia de no ser por una compañera suya, a quien también le llegó el mensaje y, emocionada, le preguntó a Renato si ya lo había leído.


«Me escribió bien rápido, me dejó bastantes mensajes sobre que: “¿Leíste el mensaje?, ¿qué tal el mensaje?, ¿ya te enteraste?”. Yo dije: “¿Qué? ¿¡Qué!? ¿Qué está pasando?”. Ella fue la que me avisó. Luego lo leí y fue un mensaje corto, en realidad. Solo decía que yo había sido elegido para tal, y que debía presentarme tal día. Fue tan corto, pero despertó una serie de emociones. Me sentí raro, como en un sueño», recuerda Renato con mucha gracia.


Permanecía incrédulo. Aún cuando en el mensaje decía su nombre, él pensaba que podía tratarse de un mal entendido. Es por eso que cuando fue la presentación de los alumnos seleccionados, Renato asistió solo. Todos los demás estudiantes estaban acompañados por sus padres en esa fecha tan especial, todos excepto Renato, que había decidido ocultar la noticia hasta que no quedara ni la menor duda que, efectivamente, él era uno de los seleccionados.


«Creo que soy el primero de mi familia que sale del país»


Ya después, Renato, les pudo revelar la gran noticia a sus padres. Su madre, tan emocionada como solo ella podía estarlo, organizó pronto una reunión familiar.


«Todos estuvieron felices», dice Renato, y explica: «No somos una familia de viajes, no salimos mucho por el Perú y menos al extranjero. En realidad, creo que soy uno de los primeros que sale del país, y salir de pronto a Harvard, una de las mejores universidades del mundo, fue algo que nos causó mucha ilusión».


La decisión crucial


Pocos son los casos de personas que desde muy chicas mantengan su gusto por una ocupación en particular. Es decir, personas que desde los años de su etapa escolar hayan deseado estudiar una carrera y que, una vez terminado el colegio, lo hayan concretado. Realmente son muy pocos esos casos. Renato tampoco forma parte de esa minoría y es que hasta muy poco antes de postular a la universidad, él tenía la idea de convertirse en un exitoso ingeniero.


«La Biología se me daba bien, pero no me llamaba mucho la atención, y más me atraía lo que son ingenierías. Me gustaban más las matemáticas, pero lo veía más por el tema económico. Yo creo que es algo común en la gente, piensan que una carrera científica va a dar poco dinero, que no tiene trabajo».


Y así estuvo a punto de postular a alguna carrera de ingeniería, de no ser por una charla vocacional organizada por la misma Universidad San Marcos a la que asistió. Ahí, tuvo la oportunidad de entrar a la charla sobre ingeniería, pero la curiosidad lo empujó a entrar, en cambio, a la que era sobre Biología. Esta decisión, este minúsculo capricho, lo acercaría más a Harvard. Él no tenía ni idea.


«Estoy seguro que lo voy a volver a ver»


Al llegar a tierras norteamericanas, Renato no terminaba de asimilar lo que sucedía. Fue por ello quizá que no se dio cuenta del preciso momento en que llegaron al campus de Harvard. «Cuando estaba en un parque, rodeado de edificios, de bibliotecas, de -supongo yo- facultades, pregunté: –“Oye, ya llegamos a Harvard?” –“Sí, aquí estamos.”», cuenta Renato.


Podría pensarse que Renato es tan distraído como para no percatarse que habían cruzado un enorme portón para entrar al campus; pero, no. No es así. No había portón. Harvard, a diferencia de las universidades en el Perú, no tiene muros ni rejas que la aíslen del resto de la ciudad. La universidad ocupa un espacio dentro de la ciudad y no ignora ese hecho, comparte con ella sus bondades, sus defectos y sus peligros.


Una vez ahí, y después de darse cuenta que estaba ahí, Renato empezó a explorar el lugar. Al principio lo hacía quieto, solo con la mirada; ojeaba a su alrededor cada detalle, cada pieza de ese complejo aparato que en conjunto formaba aquello llamado H-A-R-V-A-R-D. Luego, pudo desplazarse.


Se sorprendió entonces de la diversidad (de etnias, de lenguas y de ideas) y buscó de inmediato hacer contacto con algún ilustrado del lugar. Cuando al fin, pudo entablar conversación con un sujeto, que era nada y nada menos que un colegiado en Biología, PhD en su especialidad, Renato le comentó sobre sus intenciones de poder realizar una pasantía allá. «Me agradeció, me dijo que está bien, ¿no? (ríe) Pero hablar así con una eminencia… estoy satisfecho. Y estoy seguro que lo voy a volver a ver.», sentencia Renato, casi como recitando un juramento.


¡Éxitos, Renato!